Photo by Raymond Cauchetier.
Jean-Paul Belmondo and Jean Seberg on the set of Jean-Luc Godard’s À bout de souffle (Breathless), 1960.
Primeros encuentros
Cada momento juntos era siempre / una celebración, una Epifanía: / sólo tú y yo existíamos en el mundo. / Tú eras más atrevida y más ligera que el ala de un pájaro, / e impetuosa como el vértigo bajabas corriendo por las escaleras, /de dos en dos escalones, y me llevabas, / a través de un campo de lirios, hacia tu reino, / allá del otro lado, más allá del espejo.
Cuando llegó la noche, se me concedió el favor, / las puertas del altar se abrieron frente a mí, / y en la oscuridad nuestra desnudez se hizo radiante / en tanto lentamente se inclinaba. Tú dijiste/ al despertar: «Te bendigo», / y supe entonces que mi bendición era presuntuosa: / tú dormías, los lirios se desplazaban de la mesa / para tocar tus párpados con un mundo de azul, / y tú recibiste ese toque en los párpados, / y ellos aún estaban ahí, como estaba también tu mano aún tibia. Rios vibrantes yacen dentro del cristal, / las montañas descuellan, a traves de la niebla, los mares espumean, / y tú sostienes una esfera de cristal en tus manos, / sentada en un trono como si estuvieses aún dormida, / y -gracias a Dios- me perteneces. Despertaste y transfiguraste / las palabras que la gente habla día a día, / y el habla se llenó con un sonoro poder / hasta desbordarse, y la palabra “tú” / nos desveló un nuevo sentido: significaba “rey”, / y los objetos cotidianos se transfiguraron al momento, / y todo -la jarra, el lavamanos-, / al ser colocado cual un centinela entre los dos, / quedó firme, laminado, líquido. Se nos llevaba -sin saber a dónde-, / en tanto cual espejismos, ante nosotros reculaban / las ciudades construidas por milagro; / la menta silvestre reposaba a nuestros pies / y las aves recorrían la misma ruta que nosotros, / y en el río los peces navegaban a contracorriente, / y en lo alto, el cielo mismo se desdoblaba ante nuestros ojos / mientras el destino seguía nuestros pasos / como un loco con una navaja de afeitar en las manos. ARSIENI TARKOVSKI
Este es uno de los poemas dichos en la película El espejo de Andrei Tarkovsky de 1975. Película compuesta de secuencias de sueños, recuerdos de la infancia, de la nostalgia de la casa paterna, de la madre, de la esposa, de los hijos; en donde la transmisión de los sentimientos es más importante que la narrativa.
